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La importancia de definir el dolor

27 de noviembre de 2014
Es importante conocer el dolor, definir el tipo, la localización y la intensidad para abordarlo lo más efectivamente posible. Cada uno tiene una experiencia del dolor única, por todo los factores que influyen en este proceso, y especificar siendo lo más objetivo posible puede ayudar a los profesionales de la salud a ayudarte en tu problema. Es un proceso complicado, porque no es fácil encontrar la causa, pero con paciencia, respeto y confianza mútua, se puede lograr y el profesional te puede ayudar en tu proceso.


Nuestra psicóloga nos hablaba en un artículo del dolor psicogénico, reconocido por la O.M.S., hemos de hablar ahora de la importancia de conocer el tejido o estructura causante dolor inicial. Este activa nuestro cerebro más primitivo, el sistema límbico (centro donde se modulan nuestras emociones, comportamiento, memoria, instintos…) a través de la estimulación talámica. Si se perpetúa una sensación dolorosa, convirtiéndose en crónica, entran en juego estos factores afectivos, conductuales, genéticos, sociales, conformando una experiencia del dolor única en cada individuo y más complicada de abordar por sus múltiples facetas.

Hay que identificar lo mejor posible la causa inicial, que conforme pasa el tiempo se complica en múltiples compensaciones (por eso es importante no esperar demasiado desde el origen del dolor).

Existen varios tipos de dolor, sabiendo el origen es más fácil abordarlo, porque responden de manera distinta. Hablamos de dolor somático, el neuropático y psicogénico, a continuación los explicamos:

El dolor somático: nos refleja que los receptores o bien del tejido conjuntivo o visceral están sufriendo de rigidez (falta de vascularización), compresión, irritación o distensión. Es el que mejor se aborda en fisioterapia.

Se debe a traumatismos directos o repetitivos, malas posturas, falta de ejercicio, estrés, falta de sueño reparador, falta de hidratación o mala alimentación.

El dolor neurogénico: es el producido por las estructuras nerviosas. Es de tipo quemazón, irradiado. El daño nervioso puede aparecer como parestesias (hormigueos), disestesias, hiperestesias y alodinia (cualquier mínimo estímulo desencadena el dolor).

El nervio puede dañarse por compresión (también del vaso que lo nutre), por traumatismo directo o distensión, por irritación química (histamina = estrés o falta vitamínica) o atrapamiento (no se desliza correctamente a la par que se mueve el individuo).

Este dolor es muy invalidante, y para evitarlo el cuerpo lo esconde con las “posturas antialgicas”, que suelen ser tipo escoliosis, y que de perpetuarse en el tiempo pueden constituir una verdadera desviación de columna. Ésta complica al organismo la reorganización para mantener el equilibrio.

El dolor psicogénico: es del que nos hablaba nuestro artículo anterior, en el que el factor principal como el estrés o depresión, altera los elementos hormonales, neuroendocrinos, que pueden ser los desencadenantes de un desajuste químico que irrite otras estructuras del organismo.

La fisioterapia, con sus especialidades, es capaz de ayudar en los dos primeros tipos de dolor. La compresión, se alivia con tracción y apertura; la rigidez con masaje, calor y estiramientos; las posturas con estiramientos globales (Reeducación Postural Global); los traumatismos directos con medidas antiinflamatorias; los atrapamientos con liberación y movilización neuromeníngea, y con ejercicios dirigidos se ayuda a estabilizar el área donde se ha sufrido el daño tisular.

El equipo de Puerto Salud